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Etiqueta: Esperanza (Página 2 de 4)

Abrace lo inesperado

“Nuestras dudas son traidores que con frecuencia nos hacen perder el bien, que habríamos podido ganar, con el temor de intentarlo.” Shakespeare

El viaje de la vida nunca es predecible, habrá momentos en que seremos probados y tentados a renunciar a nuestros sueños. Habrá momentos en que podemos ser invadidos por la duda, por la incertidumbre y por nuestros temores.

Probablemente su matrimonio no esté funcionando como usted quiere, sus negocios no estén marchando bien. Probablemente usted habrá perdido su empleo. Cuantas cosas usted pensaba que iban a estar bien y de repente todo cambió, todo parece que se derrumba, todo lo comenzamos a ver como un desastre.

¿Cómo ve lo inesperado?

Muchas veces vemos lo inesperado como algo negativo, lo vemos como algo que vino a interrumpir nuestros sueños. El aceptar lo inesperado debemos verlo como las oportunidades para algo mejor. Son sabias las palabras del Apóstol Pablo “Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que él ha llamado de acuerdo con su plan.” Romanos 8:28 (TLA)

¿Qué ha sido lo más inesperado en su vida? ¿Cómo se sintió?

En el libro:The Sower’s Seeds” de Brian Cavanaugh hay una anécdota referente a Thomas Alva Edison llamada “El gran valor del desastre”.

En diciembre de 1914, un incendio destruyó virtualmente el laboratorio de Thomas Alva Edison.
Aunque el daño excedía los dos millones de dólares, los edificios sólo estaban asegurados por US$ 238,000  pues estaban hechos de concreto y se los consideraba a prueba de incendio.
Gran parte de su obra se consumió en las espectaculares llamas de aquella noche.
Cuando el fuego era más intenso, Charles, su hijo de veinticuatro años, apareció buscando frenéticamente a su padre entre el humo y los escombros.
Por fin lo encontró contemplando con toda tranquilidad la escena, con la cara iluminada por los reflejos y el pelo blanco agitado por el viento.
“Me dolía el corazón por él -contaba Charles-.
Tenía sesenta y siete años; ya no era joven y todo se estaba consumiendo en el incendio.
Al verme gritó:
“¿Dónde está tu madre, Charles? ”
Cuando le respondí que no lo sabía, me ordenó:
“¡Ve a buscarla y tráela!
-Jamás verá algo parecido en el resto de su vida. ”
A la mañana siguiente, observando las ruinas, Edison dijo:
-El desastre tiene un gran valor.
Quema todos nuestros errores.
Gracias a Dios, podemos empezar de nuevo.
Tres semanas después del incendio, Edison se las compuso para entregar el primer fonógrafo.

¿Qué piensa ahora de lo inesperado?

¿Sigue manteniendo sus creencias o piensa que vale la pena cambiar la mirada a lo inesperado?

¿Va a dejar morir sus sueños o va a comprometerse hasta lograrlos?

Particularmente creo que lo inesperado viene como una bendición a nuestras vidas para hacernos mejores personas. Lo inesperado viene a nuestra vida para aumentar nuestra fe y confianza en Dios.

Hoy es un buen día para abrazar lo inesperado, para levantarse por encima de sus dudas y vencer a cada uno de sus temores. Usted puede alcanzar una vida extraordinaria cambiando sus creencias. Escriba a info@liderazgocreativo.com para más información.

En amor y liderazgo,

 

 

Pedro Sifontes
Coach y Conferencista
Sígueme:@psifontes

¿De qué lado de la isla estás?

“Dentro de veinte años, estarás más decepcionados por las cosas que no hiciste que por las que decidiste hacer. Así que suelta las amarras, empieza a navegar y aprovecha los vientos a tu favor. Explora. Sueña. Descubre.” Mark Twain

Muchas personas hoy en día están decepcionadas de las decisiones que tomaron en el pasado, y no les gusta las consecuencias que hoy están viviendo. Estas personas en su gran mayoría se han resignado a vivir así y no dan los pasos necesarios  para cambiar porque  tienen miedo a intentar o comenzar cosas nuevas. ¿Eres tú algunas de esas personas? ¿Cuándo vas a dar los pasos necesarios para el cambio en tu vida?  Mientras piensas en los cambios que vas a dar para mejorar tu vida, te invito a leer este cuento de Pedro Pablo Sacristán llamado: “La isla de las dos caras”.

“La tribu de los mokokos vivía en el lado malo de la isla de las dos caras. Los dos lados, separados por un gran acantilado, eran como la noche y el día. El lado bueno estaba regado por ríos y lleno de árboles, flores, pájaros y comida fácil y abundante, mientras que en el lado malo, sin apenas agua ni plantas, se agolpaban las bestias feroces. Los mokokos tenían la desgracia de vivir allí desde siempre, sin que hubiera forma de cruzar. Su vida era dura y difícil: apenas tenían comida y bebida para todos y vivían siempre aterrorizados por las fieras, que periódicamente devoraban a alguno de los miembros de la tribu.

La leyenda contaba que algunos de sus antepasados habían podido cruzar con la única ayuda de una pequeña pértiga, pero hacía tantos años que no crecía un árbol lo suficientemente resistente como para fabricar una pértiga, que pocos mokokos creían que aquello fuera posible, y se habían acostumbrado a su difícil y resignada vida, pasando hambre y soñando con no acabar como cena de alguna bestia hambrienta.

Pero quiso la naturaleza que precisamente junto al borde del acantilado que separaba las dos caras de la isla, creciera un árbol delgaducho pero fuerte con el que pudieron construir dos pértigas. La expectación fue enorme y no hubo dudas al elegir a los afortunados que podrían utilizarlas: el gran jefe y el curandero.

Pero cuando estos tuvieron la oportunidad de dar el salto, sintieron tanto miedo que no se atrevieron a hacerlo: pensaron que la pértiga podría quebrarse, o que no sería suficientemente larga, o que algo saldría mal durante el salto… y dieron tanta vida a aquellos pensamientos que su miedo les llevó a rendirse. Y cuando se vieron así, pensando que podrían ser objeto de burlas y comentarios, decidieron inventar viejas historias y leyendas de saltos fallidos e intentos fracasados de llegar al otro lado. Y tanto las contaron y las extendieron, que no había mokoko que no supiera de la imprudencia e insensatez que supondría tan siquiera intentar el salto. Y allí se quedaron las pértigas, disponibles para quien quisiera utilizarlas, pero abandonadas por todos, pues tomar una de aquellas pértigas se había convertido, a fuerza de repetirlo, en lo más impropio de un mokoko. Era una traición a los valores de sufrimiento y resistencia que tanto les distinguían.

Pero en aquella tribu surgieron Naru y Ariki, un par de corazones jóvenes que deseaban en su interior una vida diferente y, animados por la fuerza de su amor, decidieron un día utilizar las pértigas. Nadie se lo impidió, pero todos trataron de desanimarlos, convenciéndolos con mil explicaciones de los peligros del salto.

– ¿Y si fuera cierto lo que dicen? – se preguntaba el joven Naru.
– No hagas caso ¿Por qué hablan tanto de un salto que nunca han hecho? Yo también tengo un poco de miedo, pero no parece tan difícil -respondía Ariki, siempre decidida.
– Pero si sale mal, sería un final terrible – seguía Naru, indeciso.
– Puede que el salto nos salga mal, y puede que no. Pero quedarnos para siempre en este lado de la isla nos saldrá mal seguro ¿Conoces a alguien que no haya muerto devorado por las fieras o por el hambre? Ese también es un final terrible, aunque parezca que  aún nos queda lejos.
– Tienes razón, Ariki. Y si esperásemos mucho, igual no tendríamos las fuerzas para dar este salto… Lo haremos mañana mismo

Y al día siguiente, Naru y Ariki saltaron a la cara buena de la isla. Mientras recogían las pértigas, mientras tomaban carrerilla, mientras sentían el impulso, el miedo apenas les dejaba respirar. Cuando volaban por los aires, indefensos y sin apoyos, sentían que algo había salido mal y les esperaba una muerte segura. Pero cuando aterrizaron en el otro lado de la isla y se abrazaron felices y alborotados, pensaron que no había sido para tanto.

Y mientras corrían a descubrir su nueva vida, pudieron escuchar a sus espaldas, como en un coro de voces apagadas:

– Ha sido suerte
– Yo pensaba hacerlo mañana
– ¡Qué salto tan malo! Si no llega a ser por la pértiga…

Y comprendieron por qué tan pocos saltaban, porque en la cara mala de la isla sólo se oían las voces resignadas de aquellas personas sin sueños, llenas de miedo y desesperanza, que no saltarían nunca…”

Ahora que lo has leído te pregunto:

¿De qué lado de la isla te encuentras? ¿Te has resignado a una vida sin esperanza?

¿En que lado te gustaría estar?¿ Cuál es ese lugar donde quieres estar?

¿Qué pasos vas a dar para llegar a ese lugar?

Hoy es un buen día para tomar la pértiga e impulsarte hacia tus sueños y el coaching te puede ayudar. Te invito a formar parte de nuestro Programa “Liderazgo para el Cambio” que está próximo a comenzar. Escribe a info@liderazgocreativo.com para más información.

En amor y liderazgo,

 

Pedro Sifontes
Coach y Conferencista
Sígueme:@psifontes

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