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El enojo no es malo


“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” Aristóteles

Una de las emociones más poderosas que tenemos es el enojo. Muchas personas piensan que enojarse es malo y  un alto porcentaje de estas mismas personas tienen conflictos porque se enojan y no saben cómo manejar esta emoción.

¿Alguna vez te enojaste? Es muy común encontrar personas enojadas con sus cónyuges, enojadas con sus hijos, con el jefe o con los empleados y hay quienes viven enojados con Dios.

El enojo es parte de la vida, no podemos evitarlo pero si podemos intervenir sobre el. Tú puedes sacarle provecho al enojo y convertirlo en un aliado. Lo primero que tienes que hacer es cambiar la perspectiva del enojo.

Este cuento sacado de internet  puede ayudarte a entenderlo mejor.  Cualquier parecido es solamente una coincidencia.

Un día, Jaime entró en su casa dando patadas en el suelo y gritando muy molesto.

Su padre, lo llamó.  Jaime, lo siguió, diciendo irritado:

– Papá,  ¡Te juro que tengo mucha rabia! Pedro no debió hacer lo que hizo conmigo.

Por eso, le deseo todo el mal del mundo, ¡Le odio!

Su padre, un hombre sencillo, pero muy sabio, escuchaba con calma a su hijo  quien continuaba diciendo:

– Imagínate que el estúpido de Pedro me humilló frente a mis amigos. ¡No acepto eso! Me gustaría que él enfermara para que no pudiera ir más a la escuela.

El padre siguió escuchando y se dirigió hacia una esquina del garaje de la casa, de donde cogió un saco lleno de carbón que llevó hasta el final del jardín y le propuso a su hijo:

– ¿Ves aquella camisa blanca que está en el tendedero? Hazte la idea de que es Pedro y cada pedazo de carbón que hay en esta bolsa es un mal pensamiento que va dirigido a él. Tírale todo el carbón que hay en el saco, hasta el último pedazo. Después yo volveré para ver como quedó.

El niño se lo tomó como un juego y comenzó a lanzar los carbones, pero como el tendedero estaba lejos, pocos carbones acertaron la camisa.

Cuando, el padre regresó y le preguntó:

– Hijo ¿Qué tal te sientes?

– Cansado pero mejor. Acerté algunos pedazos de carbón a la camisa.

El padre tomó al niño de la mano y le dijo:

– Ven conmigo quiero mostrarte algo.

Le colocó frente a un espejo en el que pudiera ver todo su cuerpo…. ¡Qué susto!

Estaba todo negro y sólo se le veían los dientes y los ojos. En ese momento el padre dijo:

– Hijo, como pudiste observar la camisa quedó un poco sucia pero no es comparable a lo sucio que quedaste tú. El mal que deseamos a otros se nos devuelve y multiplica en nosotros. Por más que queremos o podamos perturbar la vida de alguien con nuestros pensamientos, los residuos y la suciedad siempre queda en nosotros mismos.

¿Te has dado cuenta de lo que pasa cuando nos enojamos sin control?

El Dr. Gary Collins quien además de psicólogo, es autor de varios libros,  nos dice que cuando nos enojamos aumenta nuestra presión sanguínea, el corazón palpita más rápido, circula más adrenalina en el torrente sanguíneo, los músculos se tensan y la digestión se hace más lenta. Es por eso que se ven afectadas las personas que mantienen prolongados estados de ira, por la presión sanguínea alta, ataques cardiacos, problemas digestivos y dolores musculares. Podemos deducir que si no controlamos nuestras emociones, en este caso el enojo puede llegar a destruirnos.

¿Tiene sentido enojarse sin control?

Hoy es un buen día para aprender a manejar el enojo. ¿Quieres aprender a intervenir sobre tus emociones? Si tu respuesta es si necesitas participar de nuestro programa “EL ADN DE LAS EMOCIONES” Escríbenos a nuestra dirección de correo para más información.

En amor y liderazgo,

 

Pedro Sifontes
Coach y Conferencista
Sígueme:@psifontes

1 comentario

  1. Celiannie

    Gracias le doy a Dios por no padecer de ese mal habito. En una epoca de mi vida me daba coraje y me enojaba; pero con el tiempo todo cambió en mi. Ahora soy muy quieta, nada me irrita por las muchas cosas que me pasan y lo cojo suave, sabiendo que hace daño y a la larga todo pasa. Dios toma control de nuestra vida y su justicia cae sobre los que tienen malas intenciones.

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